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viernes, 25 de enero de 2013

Boiling Rows


His soul may rest in prison
Between bars
And no forgiveness.
But brother
Sometimes is easy
To take guns
And become a killer.

Well, have you seen the desert?
Have you seen the men there starving?
Some are just there waiting
For their brothers to die
Just to have their meal.

How come no one feel miserable?
Is the veil between their eyes,
That veil that he tore off
A long time ago,
Just when he was little.

The wolfs they will be howling,
That´s all that they can do.
The ships they will be praying
And everything is just gonna stay still there.

The ku klux people waiting
Behind the light of their torch
The big guerrillas trying to win
And get control.

And now you´ve got him watching
When he was only twelve years old
His eyes they were broken
In tears.

What could he do?
He just stayed
His heart was pumping
His blood running all over.

But in the end he´s no hero,
In the deepness of crooked valley
He waves his sword
He owns the place
He is king there.

Well you don´t need to blame him,
Couse blame is all he knows,
Brother sometimes is easy
To take guns
And become a killer.   

miércoles, 28 de noviembre de 2012

He is Pain


He ain´t worth a dime
I guess he´s sitting there
Every time

Once in a while
Time passes by
A little cruel
But never too much

He´s turned on
But where he is
He is surrounded by porn.

He´s friends, his wife
Were burned once
In the heat of his mind

He drive´s his car
And beat the drive way
Once in a while

He lives’ in hell
His fist too long
His name is pain.

jueves, 22 de noviembre de 2012

The House Of Cards


You play the game
With some poor dolls
Try to feel big
A complete grown up
Looking like an ass

You only see one face
The one that reflect
A good look
With in your eyes

Trapped you try
Power you feel
In a very tiny room
With a poor crowd of fools

Try to see
An enourmus world
Doesn´t know anything about you

Behind those walls of stupidity
Behind your game of challenges
There is some real cool shit
That can drive your world
Out of his mind

Stop crying alone
While you laught at your croud
It won’t be longer                               
Until you need a fire gun
To hold that home
The house of cards

martes, 18 de septiembre de 2012

Liquidar



Hacía unos diez días que me hospedaba ahí, usaba un cuarto de la casa, me cobraba apenas cincuenta y cinco pesos la semana. Lo había conocido en un bar, la noche que recién había llegado a la ciudad. El no traía gente nunca, estaba muy poco, pero a eso de los cinco días que estuve ahí se empezó a poner violento. Él vivía con su madre, una vieja de unos ochenta años, gorda, encorvada y en silla de ruedas que pronto empezó a tratarme como a un intruso, como a una cucaracha a la que había que aplastar. Yo ya había pagado dos semanas por adelantado y no quería irme, es una lástima haber tenido en cuenta el dinero, si me hubiera olvidado de esos  ciento diez pesos mugrosos , hubiese perdido mucho menos. Fue un viernes a la tarde cuando tuve una de las peores peleas, estaba cómodo escribiendo en mi cuarto cuando irrumpió sin avisar y empezó a insultarme, el aliento etílico empezaba a sentirse en el aire, y el alfeñique, flaco y débil como él solo, me revoleó una silla por la cara. La esquivé e inmediatamente me lancé encima de él, agarrándolo del cuello, ahorcándolo y sacándolo a patadas de mi cuarto. Luego le dije que no vuelva a molestarme, que si volvía lo surtía. Se levantó tragando saliva, con los ojos llorosos, y se fue. Desde ese día empecé a comer en mi cuarto hasta que una noche, muy amablemente, me dijo que me vaya o que simplemente llamaría a la policía y diría que le estoy intrusando la casa. Fue un buen movimiento ya que no había ningún recibo que diga que yo había pagado el cuarto. Iba a discutirle, pero antes de emitir una palabra apareció detrás de él un gordo rapado que daba miedo. Era una escena de bajo fondo total, ese raquítico miserable, con anteojos, casi vestido con harapos y el gordo atrás, pelado, con las venas de los ojos reventadas.

Tomé mis cosas para largarme y el gordo insistió en acompañarme hasta la puerta, le dije que no pero no hubo caso. Los dos idiotas parados y la madre desde la silla de ruedas reían maliciosamente, como si estuvieran perpetrando un crimen, hasta que el gordo me abrió la puerta y me empezó a seguir desde atrás. La casa del raquítico estaba detrás de otra que estaba sellada y abandonada, había que pasar por un pasillo para llegar a la reja de enfrente. El gordo pisaba duro detrás de mí, y empecé a sentir sus pasos cada vez mas cerca. No me pregunten por qué, pero por alguna razón tuve el impulso de darme vuelta en el momento justo, el gordo tenía preparado un alambre, como una cuerda de guitarra o algo así para ahorcarme, antes de que me lo pasara alrededor del cuello me di vuelta, empecé a forcejear con él, tuve el atino de darle unos buenos punta pies en la ingle con mis zapatos de obrero, cayó al piso y le empecé a dar duro en la cara.
 El gordo quedó tirado y yo estaba temblando, desbordado de adrenalina y de miedo. Quise correr hasta la casa y reventarlos a los otros dos, pero vi que el gordo se empezó a mover, buscaba algo en su campera y entré en pánico. Me abalancé sobre él y a los golpes lo revisé hasta palpar un arma. Fue inmediato, tres tiros en el estómago y otro de remate en la cabeza. Entré en pánico, iría a la cárcel. Pensé en que nadie me había visto, que desde que llegué al pueblo había estado la mayor parte del tiempo encerrado en el cuarto, tratando de escribir unas páginas entre interrupción e interrupción. Hice algunas cuentas, ellos serían, potencialmente, los únicos que podrían incriminarme por el asesinato, así que corrí hasta la casa del fondo, abrí la puerta y vi como los anteojos del raquítico se partían delante de sus ojos, vi como luego el torrente de sangre salía con fuerza de su cabeza sobre el piso sucio de tierra. Luego me acerqué a la vieja paralítica, estaba aterrorizada, sabía que tenía que matarla. Disparé y la bala le perforó la boca. Seguía ahí sentada, con los ojos abiertos, la mirada de terror y con la otra mitad de la cara desfigurada como si fuera un modelo vivo, o mejor dicho muerto, de una pintura de Francis Bacon.
El gordo estaba muerto, los testigos estaban muertos, limpié la pistola y antes de irme cerré el cuarto en el que me había hospedado, con llave. No se porque lo hice, sentí que si llegaba la policía era mejor que ese cuarto esté cerrado.

Destruí el arma y tiré los pedazos a diferentes alcantarillas. Estaba en una zona de suburbia, a apenas veinte quilómetros del corazón de la ciudad, luego de caminar sin parar durante una o dos horas me metí en un bar y pedí una cerveza y un whisky, me sentía afiebrado, medio mareado. El bar estaba muy bien, me pregunté si los policías ya habrían llegado a la escena del crimen mientras que una banda se subía al escenario y probaba sonido. Me quedé unas cuantas horas ahí, supongo que habré entrado a eso de la una de la mañana o algo así, al rato el lugar estaba lleno y sonaba la banda. Muy buena por cierto, mezclaban música pesada con blues, country y rock n roll, se movían entre esos géneros de forma original y frenética, las letras hablaban de asesinatos y la gente silbaba y aplaudía, pasándola de los mejor. Yo la pasé tan bien que recuerdo, en ese momento había olvidado todo el hecho. Estaba tranquilo, ya no sentía a la fiebre subiéndose a mi cabeza, estaba tan solo un poco borracho, pero bien. Hasta que una imagen me golpeó el cerebro. Era mi cedula de identidad, estaba entre los dos colchones de la cama, la había escondido porque temía perderla y luego de los asesinatos la había dejado ahí. La borrachera desapareció de golpe, el dilema empezaba a teñir mi mirada; si encontraban la cédula estaba muerto, terminaría en la cárcel. Por un momento pensé que por ahí no la encontraban, pero es un triple homicidio carajo, iban a dar vuelta esa casa, iban a romper las paredes y a levantar las baldosas si era necesario. Estaba perdido.

lunes, 20 de agosto de 2012

Etílico


Mis adioses eran de piedra, porque las aves negras gozaban siguiendo mi cuerpo desde las alturas. Soy la llamada del ignoto, justo antes de que la tragedia sucumba en él, atravesando su cuerpo y tiñendo su voluntad.  He sabido amar, he sabido saborear la traición, como un vagabundo que se contempla en un espejo y ve en contraste, al joven prometedor que alguna vez creyó ser.          
 Soy un trasmisor de los dioses, que funciona con el combustible que solo pueden impartir los demonios. Mi alma gobierna con su eternidad porque le enseñó a mi cuerpo a no molestar. No hablo el idioma de nadie, porque todos hablan el mío. Veo toda clase de tipejos al borde de la brillantez y los toco para empujarlos hacia la demencia. Me divierto con la debilidad ajena, porque amo repetir mi pequeña escena del crimen,  porque saboreo con ahínco sus llantos, sus gritos y sus rostros de desespero. Soy el que mata a tu hijo, el que le roba el alma a tu madre, el que ultraja el cuerpo de tu hermana, el que debilita a tu padre hasta hacerlo desaparecer. El puñal en la mañana, que revuelve tu garganta, manejado por mi mano; Si guardas un poco de silencio, escuchas mi risa casi muda que estremece tu espalda hasta partirla en llanto, por el dolor.

El desierto es casi tan robusto como la metrópolis, los bosques paralizados por el terror, aguardan el incendio Y vos, que sobre estos estas tan cayado, nunca veras como, a cada paso, tu universo interior está siendo quirúrgicamente saqueado.    

jueves, 12 de julio de 2012

Demonios y Brutos / El escorpión y el Mal


“Nuestra casa mantenía un equilibrio que para muchos podría considerarse exagerado, perverso y hasta terrorífico, pero la verdad es que la pasábamos bastante bien, diría que más que bien de hecho. Éramos una FAMILIA; siempre que se habla de una FAMILIA se habla, claro, del mayor y mas íntimo grupo de pertenencia que un ser humano puede concebir en éste planeta. Por eso digo que éramos una FAMILIA. Nuestras insignias eran tan hermosas y curvilíneas como la mejor figura, el mejor cuerpo femenino que un hombre jamás podría necesitar. EMBRUTECÍAMOS con clase nuestros cerebros con alcohol, consumíamos gotas de cocaína en nuestras misiones, liquidábamos ciudades enteras desde los cielos como solo podría representarlo un gran compositor del Renacimiento; de la era de la luz, y por ende, de la oscuridad. Ustedes, en la distancia que produce esta era EMBRUTECIDA por la vulgarización de toda aquella maravilla polar, bien construida, ordenada, consecuente y bellamente moral, por ahí solo puedan entenderlo mediante el recurso atinado de la metáfora; Un grupo de buenos muchachos sobrevolando los cielos, enfrentando la muerte de manera poética, tomando nuestra vida y la de los demás como un JUEGO. Volviendo a tierra con los motores de hélices vibrantes, los trajes sudados de adrenalina y los espíritus padecientes por su muerte repentina, aterrizando nuestros pájaros asesinos, apretando nuestros codos en la barra, tomando la mejor bebida, penetrando el sexo de nuestras mujeres fanáticas y sumisas.”
  
Si, esta es la historia de un demonio, haciendo un buen trabajo en el infierno, gozando con las extremidades de un cuerpo, mereciendo cada centavo en este mundo, alzando su brazo autorizado por la gloria y el triunfo. Si, esta historia es para vos, practicante idiota de la dualidad, combatiente payaso, creyente de la justicia, del poder absoluto de las instituciones democráticas, el típico sujeto sin voto, sin agallas, la masa ignota que se cuece consecuente en el asador de los astutos.  Rasgá el velo, tu cuerpo quemado fue educado para ser el combustible de este JUEGO.


viernes, 3 de febrero de 2012

Nadie 2


Debajo de la sombra de su acto, caminó para ocultarse. La luna lo iluminó toda la noche, al borde de la ruta y luego por entre los árboles del bosque. Sentado en una pulpería, en una esquina, tomando legui se agarra la cara, para ahuyentar las lágrimas que tratan de asomarse en pleno lamento.  “Tome Branca” dice una publicidad vieja, en un espejo. Sus ojos brillantes, el rostro pálido, reflejándose por entre las letras del cartel, sentado él al lado de la ventana, con el desierto como paisaje.
Dentro de la pulpería lo acompañan tres personas; Una señora vieja y obesa detrás de la barra, un viejo sucio de ojos celestes y bigote pálido tomando vino y mirando el noticiero, y un mochilero comiendo fideos y usando su celular. Pero él no puede ver a nadie, lentamente se sumerge en su mirada, apretando el vaso y los dientes con fuerza, tragando licor dulce, quemando la angustia que sube.  Cae en una laguna de imágenes; Botas marchando, un puñal manchado con sangre, un crimen atrás de otro en la pantalla de televisión. Helicópteros con mercenarios privados sobrevolando los desiertos del oriente medio, disparando sus M240 por las ciudades y los desiertos, flameando una bandera, de un país que ya no existe. Mujeres secuestradas en el caribe, drogadas y noblemente violadas. Submarinos que transpiran sangre, cargados de cocaína, saliendo del golfo de México. Soldados franceses, tirando agua sobre civiles en los sótanos de Argelia, conectados a cables pelados. Prisioneros tirados en el suelo, chupándose el dedo y llorando como niños en Guantánamo, un gran estadio chileno repleto de cadáveres apilados. El Malleus Maleficarum, el Kubark, la policía de ocupación y las brujas quemadas.  Las señales expiatorias y discriminatorias, que anticipan en las diferentes sociedades, mediante discursos y pantallas,  las nuevas masacres; Para sostener el orden social, para mantener el verticalismo ancestral y patriarcal una vez más. El ardid espiritual, que roba todo el potencial del ser humano material, y en su lógica absurda miente, diciendo que este potencial es divino y celestial. Y el dios ladrón, pillo, inexistente, como solución a la esclavitud, a la infelicidad terrenal.

Vuelve lentamente, por entre las letras viejas del espejo se encuentra con sus ojos, rígidos y temblorosos.
Se levanta, paga la cuenta de manera automática, camina unos pasos y saca de su bolsillo el arma homicida, ensangrentada. Delante de él la ruta que se avecina por el camino de tierra, los arbustos secos y el horizonte celeste.
El viento sopla fresco, guarda el puñal, se agacha y en su lamento, besa la tierra a la que hirió. Llega a la ruta y la empieza a bordear. Y la culpa pincha su espalda como un insecto metálico, que camina clavando sus aguijones, provocándole escalofríos dolorosos, envenenándolo cada vez, una vez más. 

Figura insignificante, en el horizonte extenso y pelado. El espíritu caminante y fugitivo, tatuado con la marca de la conciencia, por el borde filoso de la libertad y del castigo. 

viernes, 20 de enero de 2012

Nadie


La noche como una mandíbula
La luna como un tajo de luz
Hacia otro universo.

El parque como un bosque
El pavimento como pecado
La gente como unida
En un ritual por cables

Y un eje paranoico
Subido a una camioneta negra
Acelerando con sus cacharros
Hacia la ruta más cercana.

En un bar
Sentado
Brinda por su entrepierna
En un bar
Sentado
Recibe una bala en su cabeza

Corretea desesperado
Por entre una catarata roja
Siente olor a hueso quemado
Y cae roto
Desplomado sobre una mesa

Y alguien grita
Y alguien ríe
En la imagen que se presenta
Que desparrama diez mil moralejas.

Y se apagan aún más
Las luces tenues de este lugar
Cuando llega el amanecer
Cuando las ratas se ocultan otra vez.

Ve a sus ancestros
Les grita que lo ayuden
Ve un tajo sangriento
Y muere.

martes, 20 de septiembre de 2011

La grasa del patriarcado

Ramón estaba sentado en su sillón, en su living, en su casa prefabricada, en su parcela, alrededor de un campo basto, a casi cuatro kilómetros del centro del pueblo. Eran las dos de la tarde y mientras miraba televisión lustraba una de sus armas con devoción y concentración. Por momentos lustraba con fuerza, y los músculos grandes y desnudos de sus brazos se tensaban y se marcaban. Era una tarde despejada y calurosa, no había ni una nube en el cielo. Ramón salió por la puerta principal cargando su Sniper en su espalda. Mientras el mosquitero se cerraba detrás, su mirada seguía a la bandera colgada al lado de la puerta. Miró el paisaje desolado; pasto, plantaciones y casas prefabricadas, muy parecidas a la de él. – Estas son nuestras casas- se dijo a si mismo, dando un respiro que daba cierto alivio a una angustia pequeña y reprimida que se asomaba por su espalda y hacia su pecho.
Ramón alzó su rifle, y luego de asegurarse que el seguro esté puesto, apuntó. La mirilla daba contorno y dirección a tanta inmensidad, y el se movía de un lado a otro apuntando a palos, arbustos y pájaros en el cielo. Evitaba las casas, ya que a pesar de que su rifle estaba descargado y con el seguro puesto, para él apuntar a un hogar donde vivían personas era algo irresponsable. Y había que ser estrictamente responsable con las armas, él lo sabía muy bien gracias a su entrenamiento militar. En un mundo violento, donde los delincuentes conseguían sus armas de manera ilegal, era un deber estar armado y ser responsable.
Es un día mas para Ramón, las noticias remarcan lo mismo, su camioneta ya está lavada y lustrada, su esposa murió hace años y su única hija ya está lejos, viviendo en la ciudad. El quería en un principio que ella se case y tenga hijos en el pueblo, pero como dice Ramón seguido a su gente y a su cabeza, a veces uno aprende de la manera dura que las cosas no deben ser siempre tal y como nos enseñaron que deben ser. Y es que su hija, con ánimos de seguir el camino dictado por sus padres, conoció a un chico y se enamoró; Iban al colegio juntos y también se graduaron juntos. Un chico agradable, con buenas notas, su padre era el dueño de una cadena de ferreterías y eso le aseguraría a su hija un futuro tranquilo y lejano a la pobreza, fantasma que a Ramón lo persiguió gran parte de su vida; Pero bueno, como dice siempre él, a veces se aprende de la manera dura que las cosas no deben ser siempre tal y como deben ser.
El muchacho, novio de su hija, fue descubierto abusando de sus primos, dos chiquitos de tan solo ocho y diez años. Su hija estuvo desvastada, el amor puro se transformó en algo estúpido porque ella se sentía una estúpida. Y el rigor del pueblo, él hecho de casarse y tener hijos, se transformó en un peso perverso, además de la vergüenza que la atacaba día a día cuando manejaba su auto a la cafetería del centro para servir café y tostadas a ojos que la miraban con lástima y rechazo. De su ex novio ya no había mucho que decir, Ramón quería que pague, el siempre quería que paguen, y pagó; el padre de los dos chicos era el comisario del pueblo en ese entonces así que la peor tortura se le vino encima enseguida. Dos meses en la cárcel del estado fueron suficientes para que lo encontraran colgado en su celda, con el tabique roto y un puñal clavado en su entrepierna. La carátula decía “víctima de revuelta de pandillas”. Y es que el comisario era además un hombre de contactos, muy querido y respetado por las autoridades mayores. Todos en el pueblo lo recuerdan bien, siempre cargando su cuarenta y cinco en lugar de su arma reglamentaria, un hombre que jamás creyó ser un servidor de la ley, si no la ley misma.
Y así se fue su hija, encontró refugio en la universidad y al recibirse de mecánica dental se largó para no pisar el pueblo nunca más. Ramón habla con ella ocasionalmente para asegurarse que esté bien, aunque sabe que su hija es una muchacha fuerte, no solo una sobreviviente, si no también una experta en el uso de armas y rifles de asalto y en técnicas de defensa personal que Ramón mismo le había enseñado; “Si alguien irrumpe en tu casa dispara sin problemas, siempre es defensa legítima, Si alguien quiere propasarte con tigo no dudes en quebrarle algún hueso ni bien tengas la opción, el cuerpo está repleto de huesos y te enseñé como quebrar todos y cada uno de ellos”.

Ramón aparta su mirada del rifle, vuelve a entrar y se sienta a ver la televisión siempre encendida; La guerra prosigue sin problemas, con pocas bajas y muchos enemigos muertos, los famosos muestran sus casas enormes y lujosas, un documental muestra como los asesinos seriales son descubiertos gracias a la tecnología del ADN y el canal porno muestra a una adolescente masturbando dos penes y gozando de una doble penetración.
Ramón carga su rifle SNIPER, lo apunta a la televisión, luego lo da vuelta y sus pupilas se levantan mientras que detrás de él sus sesos vuelan hasta dar con su pared, sus cuadros, su suelo, su techo y su mesa, ubicada detrás de su sillón.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Caminos de riel

Ahorré el dinero suficiente trabajando y mientras espero el tren, con un bolso chico en mi espalda, mis manos vuelven a temblar. Empiezo a comprender un poco tarde, o a tan solo ver aquella dimensión de mí ser. De todos modos todo fue inevitable desde el simple punto de vista de que ya pasó. Uno nace con cierta naturaleza dentro quizá, pero eso ya no importa realmente.
Tengo un camino seguro ahora, de eso no me puedo quejar, compré un boleto incierto, y desde alguna lógica puedo ser prisionero y desde otra quizá me sienta más libre que nunca. Claro que el razonamiento es algo que al final acaba siendo débil; Todo se resigna a un par de caminos, un par de voces y la decisión debe tomarse de una vez y de manera sólida para callar esas voces y liquidar el asunto. Y es que la duda es un compañero malicioso que tortura las mañanas con su latido constante y la fantasía es la droga que la oprime momentáneamente.
Puedo ver afuera de mí a la gente que camina a mí alrededor; Hombres, chicos, jóvenes. Algunos con gorra y pantalones anchos, mirando como reyes de una hostilidad sombría que los acompaña en su espalda. Otros más viejos, con los ojos reventados, una mirada que carga cierta hostilidad de condena. Algunas chicas y chicos también, de todos los tipos, las clases y los colores, viviendo realidades paralelas en un mismo escenario, cada uno con su pantalla verde detrás, proyectándoles lo que necesitan y lo que les enseñaron a ver. Y el mundo escénico de las miradas es un claustro para cualquiera que pueda percibirlo, donde no hay lugar inmediato para la inmensidad del espacio ni para la profundidad incomprensible y compleja de la mente y el corazón humanos. Como si la realidad limitada de los sentidos nos tuviera concentrados en un hilo fino, insignificante y sólido, alrededor de un vacío inmenso, enorme, que nos negamos a percibir y que solo por eso es oscuro e invisible.
El tren llega, todavía me queda una hora hasta que salga de todos modos. Me pregunto en que quedarán mis lugares viejos; Mis amigos, mi familia, mi cuarto, mis asientos, mis pasos. Y quizá sea verdad ese asunto de las realidades paralelas, quizá en otra dimensión, posicionada en el exacto mismo lugar, otro yo siga llenando esos espacios solo porque acalló la duda con otro camino en el que le tocaba seguir en el mismo lugar, cumpliendo la misma rutina y ocupando los mismos espacios. Y siguen desfilando las personas a mi alrededor; Viajantes, trabajadores, vendedores, mendigos, pungas, todos potenciales asesinos, torturadores y de mas para mi. Pero solo lo son porque mi mente está en parte resignada a esa dimensión, apresada en la observación obsesiva de la condición mas baja del humano. Es totalmente lógico que esos seres puedan también ser vistos como caritativos, amorosos y dadivosos en potencia, aunque a fin de cuentas una cosa no necesariamente quite la otra y eso hace al humano muchas veces un misterio sombrío, oculto detrás de investiduras sociales tan limitadas que acaban siendo estúpidas, casi tan estúpidas como el que se resigna a ellas intentando cumplirlas en tiempo completo cada día y cada noche. Los veo todo el tiempo, reyes pequeños y absurdos caminando por la calle, cargando con un reino entero en sus investiduras, protegiéndolo con su mirada y su pose, debatiendo burdas copias de tácticas de guerra en sus celulares, apretando los botones con importancia y preocupación.

Ya estoy adentro, la máquina enorme y pesada sobre los rieles de metal empieza a moverse. Siempre me gustaron los trenes, tan fríos, grandes e imponentes. También humeantes y condenados a sus rieles.

viernes, 13 de agosto de 2010

Dimensión MCZ

El forajido
Y su moral pesada
En su caballo negro
Sosteniendo un arma

Encontró a su padre
Sentado en una silla
En un pórtico
Y fríamente
Lo asesinó

Un pueblo chico
Sumergido en una pradera de arena
La luz de los disparos en la noche
Y luego
El ruido de un caballo galopando.

Nadie dirá nada
Al otro día
Porque tristemente
Los inocentes siempre callan

Y las montañas de perversión
Acumuladas bajo las alfombras
Solo pueden ser eliminadas
Derramando sangre

Galopa en su caballo
Bajo su sombrero negro
Derrota disparando
Y se sigue sumergiendo

Querido forajido
Siento el galope de tu caballo
Chapoteando en la lava
Sumergiéndose en el infierno

Fuiste dueño de tu destino
Y elegiste tu camino
Para algunos un héroe
Para otros un asesino

Te voy a ver
En tu parada final
Y miles de historias
Me vas a contar

Siempre duro
Y nunca arrepentido
Tomarás tu último trago
Y posiblemente
Morirás tranquilo.

viernes, 23 de julio de 2010

Sharpshooter Steps (Castellano)

Pasos de francotirador
Esclavo de su lista negra

Dominado por un mal camino
Pantallas brillantes
Caras perturbantes
Ego enfurecido
Mente trastornada

Muerto de miedo
Lejos
Dentro de un galpón oxidado
Compra su primer rifle
Pasos de francotirador

Vive su vida
Todo cubierto
Trepa paredes
Practica con su mira
Debilitando su cordura
Día a día

Pasos de francotirador
Mira dura
Y mirada perdida

Débil en su maldad
Prisionero de su herida
Aprieta el gatillo
Libera su ira.

Todos los estúpidos
Tan imberbes como él
Jugaran su juego
Hasta desaparecer

Toda su cordura
Perderá la pelea ancestral
Hasta acabar pisada
Por las botas metálicas del mal

martes, 30 de marzo de 2010

El traqueteo de los condenados

De una estación a otra
Un tren va traqueteando

Agarrado, sosteniéndome
Contemplo las miradas
De los condenados

Ira, cansancio
Y desespero
Se posan en los ojos
Del auto desprecio
Inevitable
Y automatizado

Y el tren sigue
Sumergiéndonos
Paso a paso

Y juntos vamos
Todos queridos hermanos
Dispuestos a golpearnos
Violarnos, ultrajarnos
Y asesinarnos.

Y con una bestia idiota
Enjaulada en nuestro corazón
Y el pié de un general gris
Pisando nuestras cabezas
Los condenados seremos llamados

Hundiéndonos paso a paso
En los brazos de la rutina metálica
E imitando los desmanes
Dictados por nuestra impotencia

Y de una estación a otra
Una vez más
El tren va traqueteando

Y los condenados
Todos pobres y queridos hermanos
Jugaremos nuestra suerte en un billete
En un pipazo o en un trago

Sin contemplar el atardecer
Sin poder mas que el de caer.



Salgo del tren
Un sabueso persigue mi rastro
El cielo se enciende
Y las calles se inundan de lava.

Y finalmente
El telón, como un velo
Cubre la escena

lunes, 22 de marzo de 2010

Till the end

 Nitroclycerin scum bag
Wears a jook as a smile
Nitroglycerin scum bag
Has to bright stones as his eyes

Nitroglycerin scum bag
Dinamite pussy
Waiting near the truck
Near the building
Near your back

You may see it
Here and there
But is to late
In the red sand
There is raising
A purple sky
The perfect place
For everythig
To blow up

Nitroglycerin scum bag
Laughting at last
Dinamite pussy
`till the end
Holding his hand

viernes, 11 de diciembre de 2009

Fuga

Un espíritu vaga
En un paraíso derruido
Lodoso y pervertido

Se acerca al final
Y su cuerpo se hunde aún más

Son las fuerzas del lugar
No lo quieren dejar
Se alimentan de su ser
Tiene que permanecer.

Un paso, otro paso
Y la claridad se hace niebla
El aire denso lo asfixia
El momento crítico se acerca

Un centro podrido
Dentro suyo
Es un magneto potente
A todo este lugar

Una pelea esencial
Se lleva cabo
Mientras el lodo sube,
Mientras el aire desaparece.

sábado, 24 de octubre de 2009

El idiota del puñal / 3

Otra vez
Después de tanto tiempo
se abre paso
otro idiota del puñal

Sacando un filo simple
Dentro de un tablero triste
Marca reglas pobres
Solo sabe que hay que ganar

Supongo que en el fondo
Hay un poco más

La vergüenza es el recurso final
Que puede probar
El que aun se esmera
Por entender más aya

Y si su paraíso está detrás del puñal
Simplemente no podrá llegar

La evolución noble lo aniquilará
Y en su pobreza
El
Intentará lamentar

Los Demonios Secretos

Y es la nueva institución
Por eso sus víctimas aun bailan
Y no sienten dolor

Una imagen inofensiva
Camufla al inyector
Y con colores rosas
El se simula
El terrible agresor

Toda una máquina
De placer y manipulación
Se oculta detrás del sueño
Del artista y su creación

Tanta historia vieja
Ha sido teñida
Tanta resurrección maldita
Juega a ser vendita

El camino del artista
Y su benevolente acción
Simulan la codicia
Del perverso autor

Bienvenido una vez más
A aquel viejo encuentro
Donde el sometimiento es rey
Y tu ser su condimento

jueves, 8 de octubre de 2009

El Caminante Mudo

Es el mensaje que han impartido, en dosis pequeñas por todo un territorio. Desde la palabra noble hasta el asesinato mas cruento, su misión se extiende lentamente. La luz y la oscuridad son el rasgo más simple y profundo de este planeta y ellos son producto de aquel rasgo. Han nacido y crecido y han perdido y ganado, y ahora llegaron. Los podes ver, solo si queres verlos, los vas a ver si ellos deciden que tu hora llegó. Es que para ellos el camino de la impunidad es un camino largo, y las almas de este sub mundo tienen el justo tiempo para empezarlo y pedir perdón y redimirse para no volver a él nunca más. Pero cuando el tiempo se te agota, y solo ellos lo saben, toda esa montaña de piedras que arrojaste se vuelve en tu contra. Es la ley terrenal, impartida por estos seres incorruptibles. Demonios que se creen ángeles, te toparás con ellos próximamente porque en el fondo sabes muy bien lo que estas haciendo mal. Los vi más de una vez, en sueños y luego en una mesa, en un bar. Hablé más de una vez y entendí mejor su estructura de condena. Cuan amplio debe ser el universo, cuando uno abre una grieta, nuevos seres aparecen. Angeles y demonios quizá, y supongo que en todo este espectro yo seré un humano.

Me siento frente a un campo verde y estoy solo junto a mi caballo, tomo un trago de whisky, palpo mi colt y temo estar loco. Pero no voy a hacer daño, creo que no lo voy a hacer y entonces no me asusta estarlo. Y de pronto creo que hay tanto por explorar, y como un temerario me levanto y subo a mi caballo. Las alas del sombrero cubren la luz intensa del sol y voy hacia el próximo paraje, sea donde sea, para descubrir o para enloquecer, depende de quien lo vea.

El sujeto se levanta como se ha dicho y el caballo galopa. Y los colores del campo cambian, y las distancias se transforman. Y podría decirse que algo extraño sucede, pero eso depende de quien lo vea.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Caballero del Sub mundo

Aguas turbias
Fuera del respeto
Infectadas con traición

Un ser desesperado
Levanta un arma
Por encima de su cabeza
Hundida en ese agua

Una luz divina
Lo levanta
Esta preparado
Para la matanza

Es solo eso
Y no importa el karma
Un pecho oprimido
Que intenta respirar
Reclama venganza

Vamos a ver
De que esta hecho este ser
En la tiniebla del sub mundo
Endereza su espalda

Van a ver
Después de un triste sueño
El caballero se levanta
Y el ogro, imbécil,
Gritará por piedad.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Fiera de metal negro: El final del predicador

Bajo la luz de una vela, que ilumina las cruces de madera y las paredes de piedra, el predicador se golpea la mano con un martillo una y otra vez.
- ¿Por qué lo hice, por qué? -. La mano está cada vez mas morada e hinchada y la sangre salpica y salpica a cada martillazo que pasa.
Y desde afuera la luz de la luna muestra a una figura encorvada, que grita de dolor, tambaleándose de un lado a otro.
El predicador trata de correr sosteniendo, desde la muñeca, a ese muñón hinchado y violeta que tiene por mano, mientras que a lo lejos, desde las latitudes del pueblo, se puede ver como la muchedumbre avanza con palos y antorchas. Y él, escondido detrás de un aljibe de piedra, empieza a ser acosado por todos los ahorcados. En su cabeza escucha el ruido de la cuerda soltarse una y otra vez; Crrrac, crrrac, crrrac, crrrac. Despojando a montones de almas de su cuerpo. Y las víctimas de la horca ríen a su alrededor, y le rasgan la ropa, y lo miran con odio y placer.
El predicador se levanta y corre hacia el desierto, sus ojos que siempre estuvieron tan firmes y seguros, giran desorbitadamente de un lado a otro. Y la horda de campesinos y vaqueros furiosos va detrás, y el corre desesperado hacia el otro lado hasta que ya no puede mas; cayendo en una ruta muerta, gritando que está arrepentido y que nunca lo va a volver a hacer. Pero dentro de su cabeza, y mientras que el pánico, el cansancio y el dolor lo tienen paralizado, la lujuria lo anestesia, el no puede pensar en otra cosa mas que en el placer de ese acto, de esa perversión que lo llevó a donde está ahora.

Un cadillac negro aparece desde la oscuridad y a toda velocidad, el predicador se agacha aun mas y el descapotable lo pasa por encima, enganchando sus hábitos en el para golpes y arrastrándolo a ciento setenta kilómetro por hora. Su rostro se toca contra el pavimento, raspándolo, arrancándole la piel, la carne y finalmente rayándole el cráneo hasta que se suelta, dejando que las ruedas traseras de esa fiera de metal negro le quiebren las piernas, dibujando tras él una estela de sangre.
Los hombres y las mujeres se acercan, las antorchas iluminan una mezcla grotesca de huesos, sangre y carne viva. Y ante semejante horror, ninguno parece saber que sentir o que pensar.

Las luces rojas del cadillac se pierden en la oscuridad, se cierra el telón.