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jueves, 10 de febrero de 2011

Crac 2

Ahí parado
Lejos de aquel viejo resentimiento.
La naturaleza se presenta
Mientras que el deseo la contradice.

Un objeto mecánico y pensante
Poniéndose en cada oportunidad.
Y los atardeceres jamás
Perderán su belleza de todos modos.

Los viajes dimensionales,
Siempre con actitud forajida
Pesan más que todo lo demás.
Porque el amor es complejo
Porque la destrucción es preciosa
Y fácil.

Y porque la mente no se deja oprimir
Y siempre golpea con sabiduría

El aislamiento es más noble que la venganza
Y la belleza es un derecho inevitable.
Bases electrónicas suenan de fondo
Y en demasía
Mi espíritu vapuleado crece sin parar.

martes, 8 de febrero de 2011

Crac

El cerebro arde
Y no es de pasión
Como si un incendio químico
Intentase acabar con un bosque amazónico
En un atardecer anaranjado.

Los recuerdos de la noche anterior
Como fotos flotantes
En un mar de lava enfurecido
Me dan un momento de intriga
Y otro de extraño placer.

Una pareja camina hacia el horizonte empedrado
Luego de un amanecer pleno
Un movimiento repetitivo y frenético
Y un trago sosteniendo mi mano
Dentro de una atmósfera derretida y de baile.

Convulsiones espectaculares
Sacudidas.

Corazón aventurero
Y mente prendida fuego
Se abre una compuerta en forma de grieta
Y en este momento de verdad
Pego un salto
Y me lanzo al impulso forajido.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Caballo de hierro/ Cápsula súper sport

Su brazo era un falo dorado, repleto de heridas. Por encima del codo se asomaba la frase: “Caballo de hierro”. El pelo largo se movía con las ondas del viento, mientras manejaba un súper sport negro destartalado. Corría sin problemas, con la guantera repleta de dinero. Y detrás de sus anteojos plateados él se veía a si mismo, y tranquilamente seguía acelerando.
- Lo se muy bien – se repetía entre dientes, mientras que eructaba, vaciando su panza hinchada de gas de cerveza. El vivía en una casa de suburbio, absolutamente solo ya, levantando su cuerpo cada mañana y saliendo a escena como un todo poderoso que podía ver sin tocar porque ya nada necesitaba. También bajaba su mirada para sus adentros, cuando viajaba a comprender que estar solo era un eterno funeral de ciertos deseos, un ritual autocompasivo donde se dejaba el sudor y las lágrimas, que pocas veces salían de sus ojos, cayendo siempre sobre un ataúd abierto que él observaba de reojo desde un pedestal brillante, bien alto y bien duro.
Y levantaba el brazo hasta apoyar su mano en el marco de la puerta del auto, mientras el viento seguía entrando con fuerza. Y por la ruta siempre había algún bar, donde las motos descansaban afuera y las mujeres mostraban su cuerpo semidesnudo adentro. Y en su cabeza recordaba los días de colegio, con las profesoras vestidas con cuero y consoladores, y las alumnas sin nada más que una camisa, una minifalda y un culo desnudo.
Y caballo de hierro brindó una vez mas, luciendo sus dientes amarillos en el espejo, y caballo de hierro sentía a su pene erectarse por entre el pantalón y hacia los cielos. Y la chatarra metálica se apretó duramente contra la pared de concreto. Y con su último respiro – Lo se muy bien – Pronunció Caballo de hierro.

viernes, 6 de agosto de 2010

Hell Holes/ Hot Poles

First time I saw you
You made me shake
Shake inside, from my head
To my crotch
And now I have you here
Laying on the floor
All wet and hot

Naked touch
Red lights
Raw screams
Trembling legs

Up and down
From inside
From above

Heat hit hit
Couse the room
Is on fire now

Face and butt
Ass and tongue
Pleasure stiks
And taki uniforms

Fill and suck
Violent dips
First for you
And then for me

Up and down
In four legs
In four arms
Mirrors catch
Lechery eyes

Leather leather
Heat hit
Ringing bells
Blushing cheeks

Hell holes
Hot poles
Up and down
Until you cum

Open mouth
Gentel hands
In and out
Until It´s down

jueves, 1 de julio de 2010

Chico Reptil

El cielo es violeta
Y el pantano gris
Los cocodrilos se revuelcan.
Mi cuerpo y mi alma
Embebidos en sangre de reptil

Cuando los años pasen
Jamás serán años para mí.

Sentado en el suelo
En medio del pantano
Curando la piel
Fabrico mis botas
Acabo de renacer.

Tengo una tarántula en mi mano
Venenosa no me va a picar
Es la ley del pantano
La energía del reptil
Muerto me da poder y libertad.

La lluvia es roja
En este holocausto mental
La tribu un útero
Que me despoja de ella
Hacia una nueva verdad

Y el sol está saliendo
En mí mirada tras-tocante
Y palpita una vez más
Mi corazón recalcitrante

jueves, 24 de junio de 2010

Kotrenka I

Lo último que recuerdo es un rostro. Cada vez me iba adentrando más en el bosque, pensando que no me quedaba mucho tiempo, presionando la herida en mi pecho hasta que finalmente me desmayé.
Estoy acostado en una especie de piel suave, tengo el pecho cubierto con una tela o una hoja y me siento mucho mejor que aquella última vez. El clima es húmedo y fresco, empiezo a pensar que estoy en algún pantano y un hombre se me acerca. Es un indio, piel oscura y una mancha azul, un tatuaje en su mejilla izquierda. Me toma de los brazos y me levanto. Por un momento me pregunto si estoy muerto, la herida se cerró por completo, no puedo sentirla ni percibirla de ninguna manera. El hombre me va indicando hacia donde ir, yo camino descalzo y con cuidado entre la maleza, las hojas y los insectos, hasta llegar a un círculo de indios que me observan. Se comunican entre ellos, luego me hacen una seña para que me siente y me dan una hoja con un pedazo de carne asada e hirviente.
Pasan los días y de a poco puedo comunicarme con alguna seña y entendiendo alguna que otra de sus palabras. Kotrenka me dicen. Soy el kotrenka para ellos. El pantano es ciertamente un lugar hostil, pero rápidamente empiezo a convivir mejor con él. Más de una vez rosé alguna planta venenosa o fui picado por algún insecto. Llegué a delirar de fiebre; Recuerdo la imagen de un agujero negro girando al borde de una playa tropical, con una radio en el medio flotando. Pero siempre me recupero, ellos parecen haber desarrollado el medicamento indicado para cada hostilidad del pantano y es extraño como me cuidan y como inmediatamente me aceptaron en su comunidad.
Todavía no se si soy un invitado o que. Realmente aún me cuesta comunicarme.
Caminamos por la selva hasta llegar a un borde de agua donde hay unas canoas, una especie de arroyo sumido en el verde y el ruido de los pájaros y los insectos. Subimos tres por canoa, me miran y me dicen. – Kotrenka, Karumi! – Luego me acercan una lanza.
Mientras navegamos por el arroyo me sonrío. Me sorprende la naturalidad con la que me estoy tomando todo esto. En algunas canoas van niños y niñas con lanzas también. Cuando los veo siento que están en una excursión silenciosa. Y es que vamos sin hacer ningún ruido con las canoas deslizándose suavemente.
– Kerok! Kerok! – grita uno, e inmediatamente dos de ellos se arrojan al agua. Veo como las manos de un hombre se entremezclan con la figura de un reptil. El cocodrilo por unos segundos está sostenido con la panza para arriba y una mujer le clava un filo reiteradas veces a la altura del cuello.
Y llegó la noche, caminamos toda la vuelta arrastrando el cocodrilo con sogas y lo acaban de colgar con dos palos, arriba de una fogata. Los indios empiezan a bailar. Alrededor de la fogata todo está cubierto de hojas y pieles de reptil, y una de las mujeres empieza a servir en vasos de madera la sangre del cocodrilo que empieza a fluir con fuerza de la herida. Los vasos empiezan a ir de mano en mano y nos desnudamos los unos a los otros. Algunas de las mujeres se empiezan a pintar la cara y el cuerpo con esta sangre y pronto nos sumimos en una orgía salvaje y placentera. Los cuerpos se mezclan sin ningún tipo de pudor y nuevamente me veo envuelto en algo novedoso y extraño con total naturalidad.
Los vasos siguen pasando de una mano a la otra, una mujer arriba mío acerca su cara, presionando sus pechos jóvenes y suaves contra mí y luego me convida sangre desde su boca, directo hacia la mía. El cocodrilo sigue ahí arriba, muerto, debajo de la fogata, en medio del pantano y el placer aumenta a cada momento. Entro en un estado frenético de lujuria. De pronto voy de un lado a otro por el pantano corriendo y trepando árboles, sucio de cuerpos y de sangre animal. Hasta terminar totalmente relajado, satisfecho y completo en un rincón, desmayado.
El ritual se repitió tres días seguidos, en este momento el cocodrilo ya está preparado y nos disponemos a comerlo. La carne es deliciosa, tierna y con un sabor ahumado. Durante las tardes me dediqué a fabricar mi propia arma de caza. Intuyo que voy a tener que cazar a la próxima bestia y quiero hacerlo. La sangre brinda cierto poder, cierta fuerza.
Y cada vez me siento más y más sumergido en esta comunidad. Hay camaradería y por momentos soy uno con el árbol más alto y el insecto más diminuto. Las mujeres son cazadoras salvajes, fuertes y tenaces, me cuesta entender como a pesar de todo eso se mantienen suaves y delicadas. No hay gran diferencia de tareas entre un género y otro, no hay verticalismos, no hay cacique ni rey, y sin embargo no hay degeneración en los cuerpos. El hombre es masculino y la mujer femenina.
Mientras contemplo lo que queda del enorme cocodrilo atado por encima de las brazas, me pregunto que mantiene a este equilibrio, que condición diferencia de manera tan crucial al hombre de la mujer, para que los cuerpos, atados a la misma rutina, no se degeneren, ni se parezcan. La luna nos ilumina tan solo como una lámpara sin significado y el sol no parece anunciar mucho tampoco.

Kotrenka II

- Katrunki kine maket, tike make dikane. Lakuti nikan karonke. Katrunki kine maket, tike make dikane, keri kerin tikane dilek tiako ketokent –
Finalmente puedo comprender las palabras, mi cuerpo está marcado con sangre de reptil y chupo frenéticamente el cuello de un cocodrilo recién muerto. La tribu me mira y se desnuda, lo apuñalé y lo aniquilé. Hace rato que el tiempo desapareció y mi mente y mi alma se sienten plenas mientras el reptil muerto me alimenta. La orgía empieza, los cuerpos se revuelcan alrededor mío y de la bestia.
- Katrunki kine maket, tike make dikane. Lakuti nikan karonke, Katrunki kine maket, tike make dikane, keri kerin tikane dilek tiako ketokent;
“El gran reptil es nuestro rey, nuestro señor. Y cuando su sangre y su carne se agotan lo volvemos a asesinar. El reptil es nuestro rey, nuestro señor, y nosotros seremos por siempre sus vitales asesinos. Los hijos del pantano, los ignorantes de lo impedido.”

Miro mis manos ensangrentadas, mi cuerpo estimulado continua el juego. La vitalidad recorre mi espíritu y todo el recuerdo se vuelve claro y aburrido.
Lo último era un rostro, representante de aquel sentido. Una dimensión limitada, que subsiste de una imagen obvia y envenenada.
Y luego el rey rindió su parte. Estúpido y ahora muerto, se rindió ante mi libertad. Me sumerjo en un sujeto, una tribu, un pantano y su verdad. El Kotrenka me han llamado.

lunes, 31 de mayo de 2010

Marte 2

Levanto mi arma por encima de mi posición y observo. Las bombas interestelares siguen cayendo en la arena roja y empiezo a darme cuenta que es poco lo que falta para que este planeta se transforme en un desierto lleno de cráteres. Se que voy a vivir, no falta mucho para llegar pero aun así es difícil que nuestra especie sobreviva. La última mujer de Venus fue erradicada hace mucho tiempo, y en este suelo de hombres el último laboratorio subterráneo de fertilización fue alcanzado por las bombas hace varios meses.
Asumo que no quedaremos muchos tampoco. Puede que el éxodo secreto hacia tierra sea el de unos pocos.
En tierra no hay guerras, solo pequeñas batallas por la supervivencia. Hace demasiado tiempo que nuestro mundo es uno de guerras, mis medallas relucen detrás del polvo rojo y no puedo imaginarme viviendo una vida que no sea esta: Las noches esplendorosas, el cielo violeta resplandeciendo de azules, verdes, amarillos y rojos por los misiles y los bombarderos interestelares. El merito de sobrevivir día a día en la peor de las destrucciones, cuando la mayoría de tus compañeros hace rato que murieron. El calor de la batalla, despertando y desarrollando todas las sensaciones y los instintos.
Esta no es una guerra para nadie, es simplemente un campo de batalla eterno y este planeta solo podrá ser reconocido por sus marcas de guerra. Todo indicio visual de civilización quedará destruido, dando lugar a un desierto de cráteres. Nuestro querido Marte, eje de conflictos entre galaxias, no será más que una roca roja e irreconocible. Los soldados extra martianos, invasores, víctimas de mi mira telescópica, han destruido toda posibilidad de vida. Quemaron Venus y nos despojaron de recursos primos pero sobrevivimos, y ya hace tiempo que transformaron este suelo en un desierto y nuestros túneles subterráneos en laberintos inhóspitos, donde libré las mas duras de mis batallas y donde perdí mas de una vez a gran parte de mis tropas, en las épocas que aun las teníamos.
Y ahora estamos los últimos, solos, viviendo lo único que conocemos. Nuestro campo enérgico guerrero está optimizado, no hay arma que pueda hacernos daño con facilidad y ellos lo saben. Por eso la destrucción entera, para que el tiempo haga lo que sus armas no pudieron hacer, erradicarnos.
Y vuelve a salir el sol, y mis ojos se transforman en pelotas plateadas mientras que mi casco de acero venusino se calienta en mi cabeza.
- No pueden destruirme - Me digo mientras elimino a otro extra martiano. Su eje corporal explota cuando muere y libera gusanos pequeños que en horas se transformarán en más soldados. Solo la lava, recurso primo de las entrañas de nuestro planeta, puede destruir a estas larvas. Así que tomo mi lanzador y escupo sobre ellas hasta desintegrarlas en un charco de magma súper hirviente.
Y no imagino otra vida que esta. Pero ya no tengo posibilidades de morir, me queda mucho tiempo y Marte dejará de existir como tal. Tierra parece ser mi próximo destino, donde aparentemente no habrá amenazas grandes, ni guerras grandes. Un planeta tan extraño y rico, y tan primitivo. Quizá aprenda algo ahí, lejos del calor de la batalla y de los bombardeos. Supongo que es solo cuestión de tiempo. Mientras, voy a explotar esta vida que se agota rápidamente, derribando naves enormes, destruyendo y burlando al enemigo, que no logra tenerme muerto.

El soldado solitario levanta su mirada plateada hacia el sol, mientras frente a él cae otra nave enemiga. Los extra martianos siguen reventando desde su mira telescópica y la lava se encarga del resto. Y el planeta tierra reluce en la distancia, como una estrella no tan lejana.

martes, 25 de mayo de 2010

Marte

Mundo de hombres
El cielo siempre está encendido

Mundo de hombres
La lava destruye al mortal

Mundo de hombres
Hombre solo
En un desierto
Que siempre es rojo.

Soldado de la intuición
Soldado de la convicción
Y siempre soldado.

La esperanza aniquila al hombre solo:

Infierno.
Rojo.
Metálico.
Caliente.
Borracho.
En él la esperanza no existe.

Piel de cuero
Y un arma cargada en la entrepierna

Casco de acero
Filtro metálico en la mirada

Mundo de hombres
Dimensión solitaria
Infierno
Desierto
Sangre
Destrozos

Y las bombas caen en la arena
Y el calor de la destrucción
Simula compañía

lunes, 10 de mayo de 2010

Remington de cuero 1

El cielo está prendido fuego
Miro hacia arriba y me sonrío.

La escopeta se calienta
El cuero se endurece
Y mi boca se humedece

Me acerco a la puerta
Y todo a mí alrededor muere
Un pozo de lava
Y un trampolín me esperan

Pego un salto y
Me caliento
Me sumerjo en lava
Saco la lengua y los gemidos retumban.

Se agita el cargador
Mis entrañas arden
Y el caño,
Duro y rojo
Dispara.